lunes, septiembre 25, 2006

La Enfermedad de los Ojos

La enfermedad de los ojos:

El reloj sonó a las ocho AM, pero yo recién he logrado despertar a las nueve, me levanto con unos jeans y una chomba negra, me hago un moño cola de caballo y bajo las escaleras, tomo mi casaca, las llaves, un bolsito con el discman. Salgo.
Podría tomas tres tipos distintos de micros, pero en realidad no llegan, ni pasan por donde quiero llegar yo, así que camino cruzo la Caupolicán que ahora es avenida, pero todavía parece carretera y entro por una calle que esta llena de bodegas y micros en arreglo, avanzo y el barro comienza a estar acumulados en las esquina (ayer estuvo lloviendo). En este punto la vereda deja de ser vereda y se convierte en puestos donde se pueden encontrar tazas de baño, partes de motores, botellas, ropa, libros usados, etc. Luego de un par de cuadras vez como aparecen bodegas con cosas usadas e incluso robadas en puestos de madera, chicos, uno al lado del otro. Desde las cosas más inútiles a las más extrañas, te venden todo. Lo mas interesante y gracioso son los puestos de música donde te cambian, compran y venden discos, usados, pirateados y robados; discos de vinilo, casete, CD, cancioneros fotocopiados. Ahí, en estos puestos el pastiche de Elvis como un signo representante de la música en la tiendita de madera, es muy gracioso, tapizada con su imagen, mientras que de fondo tocan una cumbia, o algo de lo popular para muchas poblaciones de Temuco.
Llego a una de las equinas que mas me gustan y doblo. En ella quedan restos de la antigua feria de Temuco, puestos pequeños con verduras en mesones de madera y con techos de nylon naranjo y negro. Gente que te dicen: ¿que va a llevar casera?; caserita pase por aquí le tenemos papar, zanahorias, cilantro, perejil, betarraga.
En este punto no hay vereda solo un pequeño espacio de tierra y barro donde caminar. A la orilla están las cáscaras y sobras de las verduras de los puestos, tiradas y unas pozas de agua que si uno no se cuida un auto pasa y te moja.
Acá el tiempo se a detenido a pesar de que hay jóvenes vestidos de buzos anchos y niños con uniforme que ayudan a sus madres, es como si la vida mas no avanzara, las calles solo mas viejas, las veredas desarmadas por los camiones y las casas siguen siendo las mismas construcciones antiguas donde se puede leer cuanto a pasado por ahí, con arreglos parches para poder vender en ellas.
La estación vieja de buses esta cerca, con buses que van a los pueblos de los alrededores, buses grandes, toscos y con la pintura descascarada. Mucha gente que espera y busca asiento llenas de cajas, pilguas y niños, niños colorados y morenos con la cara manchadas que se limpian los mocos con la manga y cargan un paquete; caballeros con sus ternos grises y sus sombreros negros inclinados hacia adelante, cuando se sujetan de la puerta para subir al bus les tirita la mano de tantos años de alcohol que llevan el cuerpo.
Ahora camino a casa, pasando por el viejo edificio del consultorio Miraflores, es uno de los consultorios mas populares entre la gente que viene de los pueblos a vender acá, la mayoría de esta gente no tiene acceso a otro lugar. Desde algunas casas se puede observar la parte más alta de esta enorme casona y esta llena de palomas.
Paran las micros, los autos están estacionados hasta en doble fila porque por acá no solo hay puestos de verduras sino mueblerías, utensilios de plástico, carnicerías de carne de caballo y supermercados mayoristas.
Camino y mi vista se detiene en cada un de esas mujeres que el tiempo encorvo, que caminan lento, que son pertenecientes de este paisaje, de borrachos, trabajadores, carretas con caballos, pero por sobre todo gente estancada en el tiempo, que lucha inconscientemente por mantener esa identidad del sur de pueblo y campo, donde la globalización, todavía, solo llega en un envase de coca cola.

Estoy cansada, camine mucho hoy, extrañaba este lugar, extrañaba detenerme a mira.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Antes tu critica, sólo me limito a afirmar como patiperro que he sido en mi vida, a que temuco es lejos una de las ciudades que más se ha modernizado en Chile, es sólo que que todavía existe un resto de gente bastante convervadora, de campo, de sacrificio, que teme a lo desconocido y por eso refugia con el mejor de sus castillos; la soledad.